Romanos 8:28: "Ahora bien, sabemos que Dios dispone todas las cosas para el bien de quienes lo aman, los que han sido llamados de acuerdo con su propósito".
Mi esposo y yo estamos pasando por momentos muy difíciles. Tambalea su trabajo, tambalea nuestra salud, tambalea nuestro acceso a los servicios más elementales para sobrevivir, e incluso uno de nuestros gatos se enfermó de cáncer, junto a otras calamidades. Estamos a punto de perder más de la mitad de su salario (que es nuestro único ingreso), lo que nos llevará a tener que vender un modesto (pero necesario) automóvil que estamos pagando, así como otros ajustes nada fáciles. Todo esto lo hemos vivido ininterrumpidamente durante los últimos seis meses (en medio de una total incertidumbre). Estamos agotados, tristes (lo que no quiere decir que no confiemos en Dios), y agarrados dolorosamente de la mano de nuestro amado Padre.
Hablando de mi gato, hace un par de meses mi esposo le sintió una bolita en la punta de su colita. Él los abraza y acaricia mucho, y por lo regular es el primero que se da cuenta de cambios en su fisionomía y estado de ánimo. Yo pensé que alguno de sus hermanos lo había mordido, o una araña, en fin, pero poco después lo llevamos al veterinario. Le tomaron una biopsia y resultó ser un melanoma (cáncer de piel). Mi hermosísimo gato siamés tuvo que ser sometido a una cirugía en la que le quitaron seis vértebras de su cola. Le quedaron como dos terceras partes de ella, pero lo importante es que haya servido para detener la lesión y evitar otras posibles. Tendremos que esperar unos meses para hacerle otro examen de seguimiento.
El caso es que el pobre animal tuvo que estar un mes con DOS collares isabelinos (esos que hacen que parezcan lamparitas ambulantes). Le pusimos primero uno opaco, pero era muy corto y la punta de la cola se la alcanzaba a morder; luego le pusimos uno más largo, pero era transparente, y la veía moverse así que daba vueltas desesperado por agarrarla. Como no pudimos encontrar un solo collar largo y opaco, le pusimos los dos... Y para un gato este accesorio es mucho mas incómodo que para un perro. La molestia era mayúscula para todo: comer, entrar al baño, caminar, dormir y, desde luego, lamerse sus heridas (la de la cola y la de un bracito por donde lo canalizaron dos veces en una semana), además de las laceraciones alrededor de su cuello y el aislamiento. Por si fuera poco, le pegaron pulgas en la veterinaria y hubo que bañarlo, raparlo y tratarlo contra el parásito (a él y a todos los demás, y a toda la casa).
Todo ese tiempo yo estuve con él las 24 horas en casa. No me moví ni un minuto de su lado, salvo cuando mi esposo me relevaba para poder bañarme, comer, etc. La razón es que el veterinario nos explicó que cabía la posibilidad de que el instinto de mi gato le hiciera intentar amputarse la cola con sus dientes, ante tanto dolor. Así que se imaginarán la vigilancia...
Me era imposible explicarle porqué no debía mordérsela ni lamérsela; no podía contener su comportamiento 'dialogando' con él; él sentía dolor y molestia, y esa era la única manera que conocía para aliviarla, además de que todos sus instintos le decían: "hazlo".
Proverbios 14:12: "Hay caminos que al hombre le parecen rectos, pero que acaban por ser caminos de muerte".
Su malestar era tan grande que maullaba y gemía, se revolcaba, dejó de comer, tomar agua, y hasta ir al baño. Cuando se cansó de retorcerse simplemente se quedó acostado, quieto en un lugar, suspirando y viéndonos en silencio durante todo el día.
Lucas 19:42: "¡Cómo quisiera que hoy supieras lo que te puede traer paz! Pero eso ahora está oculto a tus ojos".
Cualquier explicación que yo pudiera darle estaba más allá de su comprensión. Por eso tuvimos que causarle dolor e incomodidad, porque era la única manera de preservarle su vida y su integridad.
Jeremías 29:11: "Porque yo sé muy bien los planes que tengo para ustedes -afirma el Señor-, planes de bienestar y no de calamidad, a fin de darles un futuro y una esperanza".
Una cosa es segura: él jamás entenderá el propósito del dolor, el malestar y el aislamiento que sufrió durante todo un mes (una eternidad para un gato). Aunque se perciba sano (que ya está bien cicatrizado, por cierto), no podrá relacionar las dos cosas. Sin embargo, el propósito se cumplió: él está bien y nosotros felices por esa razón. Y, claro, volveríamos actuar igual las veces que fueran necesarias, porque lo queremos mucho.
Ahora, lo malo es malo; hay circunstancias que son malas, terribles, y no hay forma de justificarlas. Una violación, por ejemplo (la cual yo misma sufrí hace 13 años), no hay forma de verla como 'el propósito de Dios para algo mejor'. Esto lo aprendí recientemente leyendo el libro 'Cuando lo que Dios hace no tiene sentido', del Dr. James Dobson.
Sin embargo, estoy convencida de que Dios puede tomar en sus manos lo que sea, LO QUE SEA, y convertirlo en luz y bendición. Eso se dice fácil, claro. Cuando uno está en el hoyo le es muy difícil ver así las cosas. Como estamos ahorita, lo que queremos es lamernos la herida, detener el dolor. Sin embargo, he aprendido (también con los gatos) que el que más se resiste es el que más sufre innecesariamente (trataré este tema en otra entrada).
Para finalizar, una cosa rescato de la actitud de mi gato: nunca dejó de buscarnos, de alegrarse de vernos y de refugiarse en nuestros brazos. Siempre buscó nuestra cercanía, aún acabándole de poner ese molesto collar. Su amor por nosotros nunca tambaleó; él sabía que, a pesar de todo, en nosotros encontraba seguridad y protección.
Job 1:21-22: "Entonces dijo: 'Desnudo salí del vientre de mi madre, y desnudo he de partir. El Señor ha dado; el Señor ha quitado. Bendito sea el nombre del Señor!'. A pesar de todo esto, Job no pecó ni le echó la culpa a Dios".
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